Capitulo 1: El profesional sin clientes

Hemos sentado las bases para tener éxito profesional y personal, partiendo de un análisis interno y exponiéndolo al entorno para encontrar la utilidad y la contribución a la sociedad, sin pensar de momento en la retribución que nos pueda derivar.

De esta forma habremos identificado “El Elemento” que será el punto de partida para alcanzar el reconocimiento social y la autorrealización  personal.

Vamos a utilizar una parábola como hilo conductor que nos facilite memorizar el proceso de “BRANDING”.

El profesional sin clientes

Historia de un profesional sin clientes.

Brad había llegado a España procedente de México hace ya 14 años y desde muy joven comenzó a trabajar en una cadena de montaje de televisores.

Un día cansado de un trabajo tan monótono y repetitivo, pensó: “La persona que puede ser sustituido por una maquina, probablemente lo merece”. Y desde ese momento, decide darse una oportunidad y animado por su madre piensa emprender un nuevo camino en su vida. Pero le asaltaban las dudas, realmente qué podía hacer un inmigrante mejicano sin estudios en una población tan pequeña, aislada y deprimida.

Brad, desconcertado y confuso, pensó que le haría bien despejarse para pensar mejor y se dirigió a una pequeña huerta que tenía detrás de su casa y en la que cultivaba tomates y patatas ayudando a su madre. Siempre había tenido buena mano con las plantas, o por lo menos eso era lo que decía su madre. Para ella el secreto era hacer las cosas más sencillas de forma excepcional.

Brad había recibido siempre muchas alabanzas por su buena mano con las plantas, cosa que le enorgullecía. La verdad es que le gustaba y le relajaba mucho el trabajo manual en contacto con la naturaleza y al aire libre. En realidad no sabía si le gustaba y por eso se le daba bien o al contrario, si se le daba bien y por eso le gustaba tanto.

No obstante seguía teniendo muchas dudas y fue su madre la que le aconsejo acudir al chaman. Aunque Brad no creía en esas cosas decidió acceder ante la persistencia de su madre y se acercó a visitar a ese extraño anciano que vivía solo en una casa-cueva a las afueras del pueblo.

Después de saludar al chaman, Brad sin perder más tiempo le preguntó qué podía hacer para mejorar su vida profesional.
No lo sé.
– respondió Brad.¿Qué quieres hacer? – preguntó el anciano.

¿Qué sabes hacer?– chaman

Nada –Brad

Pensó durante un momento el anciano y añadió…                                  

Y si supieras hacer algo, qué harías con ello – Chaman.

Primero tendré que tener algo para después poder venderlo– Brad.

Estas pensando en vender, cuando aún no has hecho nada. No será mejor pensar en los demás, en lo que necesitan y después meditar sobre ¿cómo tú puedes contribuir aportándoles tus habilidades y tú trabajo?

Hay muchas necesidades y sabes hacer pocas cosas. ¿Haces bien esas pocas cosas? – dijo el chaman.

Se cultivar tomates. – dijo Brad.

Ya te has contestado al ¿QUÉ?, ahora responde al ¿CÓMO? Deja que tus obras hablen de ti.– Concluyó el anciano justo antes de inclinar la cabeza y cerrar los ojos.

Brad salió de la casa-cueva aún más desconcertado. ¿Qué quería decir el anciano? No entendía por qué no le había dado las claves para poder aprovechar su gran habilidad con las plantas.

Nuestro protagonista no era muy conocido en el pueblo, había llegado a la escuela cuando vino de México y no había conseguido integrarse con el resto de chicos y chicas que habían nacido en el pueblo y siempre habían estado juntos en clase, compartiendo juegos y hábitos.

Brad sabía que necesitaba recursos para poder poner en marcha su proyecto, que había decidido que era tener su propia huerta y cultivar tomates y otras hortalizas. Tenía los recursos humanos y sabía cómo hacerlo pero, necesitaba la tierra de cultivo.

Pensó que teniendo una buena tierra y un buen tomate, todos hablarían de él, y que precisamente a eso era a lo que se refería el Chaman.

Buscó una buena tierra cerca del pueblo que estaba abandonada, habló con el propietario y acordó un alquiler con opción de compra. La primera mensualidad la pagaría con la primera cosecha.

Ya tenía el terreno y tenía la idea, en cinco meses tendría el mejor tomate de la comarca y se vendería solo. – Pensó Brad.

Continuará…

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