Capitulo 6: El profesional sin clientes

Con el dinero que había conseguido Brad, gracias a su entrevista con los inversores, se lanzó al difícil mundo de la comercialización. El sabía que los agricultores apenas se embolsaban el 20% del precio de venta final del producto y que había productos incluso que se estaban vendiendo por debajo de costes.

Para evitarlo, decide crear su propia red de distribución y de esta forma llegar con precisión al target que creía estaría interesado en su tomate.

No contaba con muchos recursos por lo que no podía pensar en estrategias demasiado ambiciosas, optando entonces por utilizar las nuevas tecnologías que optimizan la inversión y abren muchas posibilidades en cuanto al entorno de actuación.

Llevando los tomates recién cosechados al domicilio del consumidor podría diferenciarse de la competencia (tomates más frescos, más cómodo y sin intermediarios). Podrían pedir los tomates por internet, permitiendo al consumidor elegir la madurez y el tipo de tomate que quiera. Pero ¿cómo sabrían los consumidores  que sus tomates se podían comprar por internet?

De nuevo se encaminó a la casa-cueva del Chaman para pedir consejo.

Encontró al anciano metido en la cama muy enfermo. Entro Brad a la estancia tímidamente y le preguntó por su estado de salud.

El Chaman sin responder a su pregunta, dijo: ¿Ya has vendido tu trabajo?

Mi trabajo es por todos conocido y he encontrado financiación, sé como diferenciarme y cuento con medios para llevar mis tomates a domicilio. El problema es otro. – Dijo Brad.

Cuando tú vas a comprar al mercado, ¿dónde están los mejores puestos? – preguntó el Chaman.

En la calle principal que es la más transitada – respondió Brad.

Si tu puesto está en un estrecho callejón sin salida en un vértice del mercado ¿qué puedes hacer?- dijo el chaman.

Podría dirigirme a la calle principal como ya hice con los tomates de huerta y atraer a la gente hacia mi puesto. – Respondió Brad.

Haz lo mismo en internet, consigue llegar a las calles principales e invita a la gente a visitar tu callejón. No olvides que ya has hecho una labor y te siguen muchas personas que aprecian tu profesionalidad y trabajo, invítalos también a ellos.- Dijo el chaman casi sin aliento.

Tengo que agradecerte todo lo que me has ayudado y debo compartir mi éxito contigo. – Dijo Brad.
Esta es la última vez que nos veremos. Debo emprender un viaje y será difícil que vuelva.- Dijo el chaman.

No puedes irte. ¿Qué voy a hacer sin ti?– exclamó Brad.

Solo te he hecho las preguntas, tú has encontrado las respuestas. Sigue haciéndote preguntas y seguirás encontrando las respuestas. Hazte las preguntas en cada encrucijada, siempre sin perder de vista: Dónde quieres llegar y a quién quieres como compañero de viaje.

Nunca te podrás bañar en el mismo río porque sus aguas fluyen. Si sabes nadar, siempre podrás hacerlo aunque la corriente sea fuerte. – Dijo el chaman.

Entró entonces África, la hija del chaman, y agarrándome de un brazo me invitó a salir de la habitación, sin dejar despedirme de mi buen amigo.

Esa fue la última vez que hablé con “el chaman”. Había sido mi sherpa, me había guiado a través de la montaña para alcanzar la cumbre. No lo habría podido hacer sin su ayuda, pero la montaña la debí subir yo. Nunca me llevó a su espalda y tampoco me habría gustado que lo hiciera.

Aún conservo el dado que me regaló, y cuando debo enfrentarme a un nuevo reto, lleno de incertidumbres, lo agarro con fuerza, me concentro y lo lanzo hasta que sale el “AS”.

Solo con un dado así y teniendo las energías para lanzarlo tantas veces como sea necesario, he podido alcanzar todo lo que me he propuesto.

Estuve durante años buscando como diferenciar mis tomates del resto de los competidores, hasta que me di cuenta de que la diferencia era yo mismo, mi forma de hacer las cosas y el modo en que afrontaba los nuevos retos.

De nada sirve aprender a cruzar el rio durante la época estival, debes aprender a nadar y adaptar tu técnica a las condiciones cambiantes de las corrientes. Solo unos pocos son capaces de sortear los remolinos y las fuertes corrientes que te arrastran hacia la catarata.

Si eres esa persona capaz de cruzar en cualquier circunstancia o saber cuándo es mejor esperar para hacerlo, todos querrán cruzar junto a ti.

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